admin 1 mes ago
Fuente: https://www.uniradioinforma.com/noticias/mexico/545771/crean-comision-para-defender-derechos-politicos-de-las-mujeres.html Quedó instalada la Comisión Nacional de Defensa de los Derechos…

“Nos percatamos de la importancia de nuestras voces únicamente cuando somos silenciados”

Malala Yousafzai,

Premio Nóbel de la Paz

La mente humana, desde su facultad ilimitadamente creativa e inclusive dominante por encima de los sentidos, es capaz de hacernos creer cosas que en realidad no están allí. Resulta curioso y sin lugar a duda, digno de reflexión, cómo encontramos diferencias donde no las hay. Resulta más curioso aún, que quizás esto último no sea producto de la observación minuciosa, sino de una insistencia en buscarlas. Buscamos estas diferencias con un frenesí tal, que acabamos por encontrarlas.

Ana, nacida en La Piedad, ha dedicado su vida a estudiar y prepararse arduamente para salir adelante. Pese a las carencias y dificultades para asistir a la escuela, Ana se gradúa con excelencia y, tras años de esfuerzo, logra ocupar un cargo público. Ana no logra contener su emoción; sabe que por fin cuenta con la oportunidad de tener un impacto real en las personas de su comunidad. La primera sorpresa que se llevará Ana es que, al entrar a su primera reunión, será la única mujer en la sala. Quizás no pase mucho tiempo en darse cuenta, de que a sus intervenciones no se les presta tanta atención como a las del resto. Pero las sorpresas no terminan ahí. Por alguna razón es la única a la que no se le asigna oficina y después de unas semanas, cae en cuenta de que su recibo quincenal es inferior al de los demás. Con el tiempo deja de ser invitada a juntas y tras sus exigencias de transparencia en la administración, llega a recibir amenazas y humillaciones. Ahora Ana teme por su propia vida. No sería extraño que Ana se preguntase: “¿De verdad soy tan diferente?”. La respuesta es contundente y al alcance del ojo de cualquier observador: no. Pero por mucho tiempo hemos querido creer que sí lo es.

La diferenciación es el mecanismo inicial para justificar la preservación del poder. Buscar cualidades superiores propias ha sido una estrategia natural de los grupos que detentan este último a lo largo de la historia. Y cuando la lógica triunfa sobre la imposición ideológica, el siguiente mecanismo es la violencia.  Ambas, tácticas con las que las mujeres en México están íntimamente familiarizadas.  Más, tal como decía Séneca, el filósofo latino, “todo poder excesivo dura poco”. Y sin lugar a duda, en México, ya ha durado demasiado. Es justamente dentro de este contexto, que el “Observatorio de Participación Política de las Mujeres en Michoacán” cobra una relevancia extraordinaria.

La historiografía es uno de los componentes más valiosos dentro de la estructura de un Estado-nación. Permite, a través de la selección de acontecimientos y personajes históricos, construir la narrativa que dota de identidad a un pueblo. Narrativa que, a través de la educación y los sistemas de propagación de cultura, contribuye a delinear la consciencia colectiva. Sin embargo, esta selección contiene el sesgo natural del autor mismo. Sesgo que, entre otras cosas, suele asignar a las mujeres un papel secundario. Mas esto es a todas luces equivocado. No es posible entender a México y su proceso de construcción sin evocar el rol de las mujeres en la época colonial, la independencia y la revolución mexicana. Mujeres que durante el siglo XX reclamaron sus derechos de participación política, para en 1953 recibir el derecho al sufragio universal. Que las mujeres puedan votar, presentar su candidatura y emitir un voto en secreto son indicadores de una democracia inclusiva y que paso a paso se distancia de su insipiencia.

El pasado primero de julio, nuestro país vivió un proceso electoral histórico, con la mayor cantidad de puestos políticos en disputa. Las elecciones en un país presentan una oportunidad para poner a prueba una democracia. En estos últimos comicios, en Michoacán se eligieron 24 mujeres como presidentas municipales; 88 síndicas, 423 regidoras y 16 diputadas. A nivel nacional, las cifras son aún más alentadoras. Estos, sin duda, son indicadores de una democracia más paritaria. Sin embargo, la participación de la mujer en la vida política de nuestro país ha sido un campo de progresivo pero lento desarrollo. Si bien se han realizado importantes esfuerzos para transitar a un país más paritario, las estadísticas reflejan que, como sociedad, aún tenemos un largo camino por recorrer: durante 65 años ninguna mujer ha sido electa presidenta de nuestro país; en 75 años sólo siete mujeres han ocupado el cargo de gobernadoras y 21 han sido Secretarias de Estado.

En términos de prevención y eliminación de la violencia política contra la mujer, el reto es aún más grande. Este tipo de violencia es una de las peores manifestaciones de discriminación, son acciones u omisiones enfocadas en afectar o anular los derechos de estas mujeres, incluyendo el ejercicio del cargo. El último proceso electoral registró decenas de agresiones contra las mujeres que participaron en este, así como eventos fatales. Asumir la perspectiva de paridad de género implica, sin duda, realizar acciones certeras para combatir el entorno que ha normalizado este tipo de prácticas.

En los últimos años, se han presentado avances importantes en la erradicación de las problemáticas mencionadas. Nuestro país incorporó la obligación constitucional de paridad de género por medio de la reforma constitucional de 2014. Como es bien sabido, nuestra Carta Magna reconoce una vasta gama de derechos humanos e impone a todas las autoridades las obligaciones de promoción, respeto, protección y garantía. En su artículo 1° establece la igualdad entre hombres y mujeres, mandato que se vio complementado con la incorporación a nuestro sistema jurídico la obligación constitucional de garantizar el principio de paridad de género en la postulación de candidaturas a cargos de elección popular en los ámbitos federal y congresos locales. Además, se ordenó la armonización de este principio en ordenamientos federales y locales.

Por otro lado, en el ámbito local, se emitió Ley por una Vida Libre de Violencia para las Mujeres en el Estado de Michoacán, la cual tiene por objeto coordinar acciones para prevenir, atender, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres por razones de género. En este ordenamiento se incorporó el concepto de violencia política, siendo así la piedra angular para el desarrollo de su tipificación en el ámbito electoral y administrativo, así como para la elaboración de protocolos de actuación por parte de las autoridades y denuncia ciudadana. Nuestro estado debe seguir refrendando su compromiso con el desarrollo de este concepto en estos otros ámbitos para asegurar una vida libre de violencia a todas las mujeres.

Es importante recordar que el principio de paridad de género y el derecho a vivir una vida libre de violencia garantizan no sólo el pleno ejercicio de los derechos político-electorales de todas las mujeres, sino que están íntimamente relacionados con otros derechos humanos. Garantizar la participación política de la mujer es garantizar su influencia en la toma de decisiones y con ello, impulsar acciones para fortalecer sus derechos económicos, sociales y culturales. Garantizar la participación política de la mujer es darle voz a un grupo social que ha sido invisibilizado.

En línea con los avances mencionados, el año 2017 presenció un importante adelanto para sumar al cambio de paradigma, y cuyo sujeto es justamente lo que nos atañe el día de hoy: la creación del Observatorio de Participación Política de las Mujeres en Michoacán. Su principal objetivo es diseñar e impulsar políticas públicas y estrategias que consoliden la igualdad sustantiva de las mujeres, reforzando la implementación de acciones afirmativas e impulsando programas que modifiquen las condiciones estructurales que propician la desigualdad.

Este Observatorio tiene a su cargo funciones tan relevantes como el seguimiento y evaluación de los avances de la materia en nuestro estado; fungir como repositorio de líneas de acción y ejes de trabajo exitosos llevados a cabo por las instituciones que en él participan; proponer esquemas de atención a los compromisos y recomendaciones internacionales; identificar y visibilizar formas en las que se manifiesta la violencia política; producir información sociodemográfica de la participación femenina, entre otras cosas.

Todo ello en estrecha relación con actores de diversas secretarías estatales, autoridades electorales, comisiones del Congreso del Estado, comisión estatal de derechos humanos, consejos estatales, institutos, partidos políticos, académicos y organizaciones de la sociedad civil. Estoy convencido que los programas e iniciativas se enriquecen en la medida de que tanto integrantes de órganos de gobierno como de la sociedad se involucran y abren los canales de comunicación para lograr una sinergia de sensibilización, visibilización y evolución social. El observatorio debe fungir como un espacio seguro e incluyente de participación.

El reto del observatorio es grande en la función de seguimiento de la participación política de las mujeres michoacanas en los diversos ámbitos de gobierno y en la erradicación de la violencia contra la mujer.  Un reto que me honra y me llena de emoción.

Asumir la presidencia de este importante órgano implica una labor que asumo con responsabilidad y entrega. Estoy consciente que este órgano es fundamental para la construcción de un Estado en el que las mujeres vivan la igualdad sustantiva, un estado de oportunidades para todas y todos, un Estado de respeto y protección a los derechos humanos. Me comprometo a velar por la realización de los objetivos del Observatorio y a que continúe en su labor por seguir construyendo el sendero para un México en donde la paridad electoral esté garantizada; donde las diferencias sean fuente de fortaleza y no de división, y donde las instituciones dedicadas a la participación de la política de la mujer, lleguen a no ser más que un recuento en la historiografía nacional de un tiempo en el cual la valentía de la sociedad civil y el Estado se alzó por encima de los retos y las circunstancias. Escribamos juntos la historia de cómo garantizamos la paridad electoral, para que esta lucha no tenga necesidad de ser más que eso: historia.

Magistrado Presidente Omero Valdovinos Mercado.